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  • B M ULAJE

Una Nueva Comunidad

Gracia y paz mis hermanas y hermanos.

Esperando que las bendiciones del Dios y Padre de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús, sean perenes en cada uno de ustedes, quiero compartirles estas líneas, deseando que cumplan el propósito que el Espíritu Santo tenga para éstas.


Hace poco estaba viendo un reportaje sobre la tierra de Israel, tierra milenaria, cuna y asentamiento de nuestra fe y de las tres grandes religiones monoteístas. Algo que llamó mi atención fue el número de monasterios cristianos, tanto ortodoxos, como católicos, la mayoría de ellos con una inclinación anacoreta (dedicados a la reflexión y el retiro) incluso algunos, con voto de silencio y todos con la prohibición de entrada a las mujeres.


Bueno, una manera muy particular de comprender el camino del seguimiento de Jesús. Sin embargo, desde mi punto de vista, muy alejada del sentido de vida que Jesús vino a proponernos. Y es que si de algo le criticaron a Jesús era su estar en convivencia aun con los marginados de aquella época la “ralea” mas despreciable, los publicanos incluso y esto desde el punto de vista de los “rectos y puros”, y es así que lo vemos compartiendo alegremente en comidas que de verdad disfrutaba, incluso criticado de “glotón y bebedor”, pero siempre privilegiando el acompañamiento.


A Jesús nunca nos lo narran los evangelios solo o alejado de los suyos, a los que hizo su familia, a menos que se apartara para platicar con su papá y aun en esos momentos, no estaba solo.


El camino y la vida en Cristo Jesús, hasta donde podemos alcanzar a ver no se puede, no se debe vivir en soledad o aislamiento, y eso lo podemos ver incluso en la reflexión que hace el evangelio de Juan, cuando nos dice lo siguiente: Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste (Jn 17: 20-21).


Tal vez, como vimos, hay quien piensa que desde el ámbito de lo “espiritual”, se quiera ser “uno” con Jesús en el aislamiento de introspección, reflexión y contemplación, sin embargo, como vimos, el ser uno con el Padre y su Hijo, no se puede entender desde el alejamiento con el “otro”, el ser uno con el Padre y el Hijo, empieza con el hacerme uno con el otro, ¿cómo?, a la manera de Jesús, en la comunión de los santos, entiéndase en el “¿cómo estás?, ¿cómo has estado?, ¿te puedo ayudar en algo?, ¿qué te pasa?, ¡Siéntate a mi mesa, comamos algo!” Pero eso también se concreta con el “otro” más alejado, al que vemos, pero no vemos, al vecino, al que saludamos de buenos: días, tardes o noches solo como un formalismo social, pero en el hacerlo uno con nosotros, puede hacerlo uno con el Padre y el Hijo, para que todos seamos uno.


Empecemos pues por hacer comunión en la comunidad, haciendo realidad lo que en el nombre llevamos, el sentido de “unidad común”, Hagamos pues realmente una Nueva Comunidad unidad común, acerquémonos los unos con los otros y oigamos al otro para que él nos pueda oír a nosotros y escuchemos lo que Jesús nos quiera decir de su Padre y entonces sí seamos uno con el Padre y el Hijo, congreguémonos, hagamos unidad común, Nueva Comunidad, partamos el pan con Él a través de compartirlo con el “otro”, no solo en la Cena del Señor, hagámoslo a la manera de Él, rodeados de los que amamos, incluso de los que no conocemos y hagamos más grande esta familia de Dios y de su Hijo.


Gracia y paz.

B. M. Ulaje <><

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