• Isaias Molina

Tiempos difíciles

Estamos viviendo tiempos complicados que rebasan lo que ya sabíamos. Cada día escuchamos de emigración masiva de sur a norte, cambios sociales repentinos, fenómenos naturales asociados al cambio climático, transformación dramática de los ecosistemas, aumento del calor a nivel mundial, incendios forestales en diferentes bosques y selvas del mundo, terremotos y huracanes transmitidos en tiempo real, deshielo de los polos que aumenta el nivel del mar, cosas inexplicables y acceso a informaciones que estaban ocultas a los ojos de todos, son algunas realidades que están presentes cada día y están presionando los temores en grandes sectores de la humanidad.

Son tiempos difíciles de entender. Además, son informaciones abrumadoras para la sensible debilidad humana. Es muy fácil sentir el temor y la tristeza que se respira en muchos lugares, especialmente donde ronda la pobreza y la violencia social en todas sus expresiones.

Las mayorías en las sociedades de consumo viven cansadas de esperar mejores condiciones de vida. En pocos países se ve en el horizonte la esperanza de mejorar en los próximos diez años. La sensación en los países emergentes es de frustración al ver el lujo y exceso de unos pocos, ante el agotamiento sin futuro de las multitudes.

Los medios de comunicación abonan al ambiente de desigualdad, presentando mundos, social y económicamente muy disparejos, donde algunos con muy poco esfuerzo reciben excesivas cantidades de dinero y privilegios, mientras que las grandes mayorías, trabajan duro y reciben migajas de sus empleadores. Hoy, como nunca, se distinguen las diferencias enojosas de quienes tienen en exceso y de quienes no tienen, a veces, ni lo indispensable.

La humanidad no ha cambiado, solo sus tecnologías. El mismo espíritu de los hombres y sus mismos intereses, solo que hoy, más informados y técnicamente más preparados. Persiste el sentir egoísta de la pretendida supremacía y el deseo de control de unos sobre los otros.

La fórmula para la convivencia que permita y promueva la vida sigue siendo la llamada de Jesús al reino de Dios. No hay atajos, o el ser humano se sujeta voluntariamente al gobierno de Dios o seguirá bajo el designio y poder del mismo ser humano, egoísta y que fácilmente se corrompe cuando tiene el poder de gobernar sobre los demás a su antojo.

Hoy como ayer, se sigue escuchando el mensaje:

El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

La enseñanza de Jesús sigue siendo de vanguardia. Los vicios y “novedades” de la sociedad hoy, sólo son retornos a viejas pasiones que la cultura consideraba ya superadas. En Jesús se sigue manifestando la vida nueva según el propósito de Dios.

No es cuestión de religión, como la mayoría encasillan el mensaje del Evangelio, no. Jesucristo está vivo! Su llamada es decisiva... o el ser humano reconoce y se sujeta a su señorío o está destinado a ser subyugado por los otros seres humanos que toman el poder para someterlo a sus ideas y designios.

“Es tiempo de considerar lo que sabemos del Dios que se humanó en Jesucristo”

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