• B M ULAJE

¿De verdad libres?

Mis hermanas y hermanos, gracia y paz.

Hace unas semanas, en el tema que compartí en la comunidad por la mañana, comentamos acerca de las paradojas de nuestra independencia.

Aunque ya expuesto este tema, me pareció que valdría la pena compartirlo por este medio, ya que muchos de ustedes no pudieron acudir o se encontraban en otras labores en la comunidad, así que, compartámoslo nuevamente.

Iniciamos comentando acerca de las paradojas con respecto de las fechas y acontecimientos de la fundación de nuestra patria, iniciando por el hecho de que, quienes nos libertaron de la dependencia del gobierno español, fueron españoles, criollos, pero al fin españoles. El otro punto a considerar, es que en el tema de que, de no ser por los tlaxcaltecas, oriundos de américa, y que se aliaron con los españoles en contra del imperio azteca, los españoles no hubieran podido conquistarlos, en suma, nos conquistaron los mexicanos y nos liberaron los españoles.

Contrariamente a lo que se nos ha contado, el llamado a la insurrección por parte de Miguel Hidalgo, nunca mencionó la libertad de México, su llamado a las armas concluyó con un contundente ¡viva Fernando VII!

Datos curiosos, pero que nos hablan de lo que pensamos que fue, al contrario de lo que en realidad sucedió.

Sabe, en lo que respecta con otro evento independentista, el de Israel, las paradojas también existen, mencionemos por ejemplo la actitud de quienes fueron beneficiarios de ese evento fundante del pueblo de Israel, o sea de su independencia.

Después de varios siglos de esclavitud en Egipto, su Dios, fiel a su promesa de haberlos tomado bajo su protección, decide intervenir directamente y liberarlos de su condición de esclavitud y se lo hace saber al opresor: deja salir a los israelitas, no son tuyos, son míos, no pueden estar como esclavos de servidumbre, los quiero libres.

Después de un sin número de vicisitudes, como haber sido testigos de advertencias con el fin de hacer entrar en razón a sus opresores, por fin los israelitas son conducidos a su libertad para poseer la tierra que su Dios les había prometido a sus ancestros.

Ya en el viaje hacia la tierra de promisión, las dificultades se van presentando, sin embargo, una a una, van siendo solucionadas por su Dios. Si se trata de hacer un paso en el mar para eludir a sus perseguidores ¡pues que se abra el mar!, si hay que alimentar a más de tres millones de personas en el desierto ¡pues que caiga alimento del cielo!, si hay que darles agua en el desierto ¡pues que de las piedras brote agua!

Sin embargo, a cada solución, ese pueblo encontró diez mil problemas, al grado de gritarle en la cara a su Dios ¡estábamos mejor como esclavos, cuando menos comíamos y teníamos agua!

El punto es mis hermanos y hermanas, ¿de verdad estaban mejor como esclavos?, la jaula no deja de ser jaula, aunque esta sea de oro, bueno, eso dice un dicho popular ¿qué piensa usted?

Hemos hablado de las situaciones paradójicas de dos eventos que dieron como resultado la libertad de dos pueblos que al final se constituyeron en países independientes, pero ¿sabe?, en muchas ocasiones, la historia de nuestra libertad, la historia de nuestra relación con quien nos vio esclavos y nos dio libertad, es por lo menos más que paradójica.

Pareciera que el síndrome Israel se cierne sobre nosotros, es decir, habiendo sido ya liberados, a las primeras situaciones conflictivas o, por el contrario, vislumbrando “oportunidades” de conseguir beneficios, no lícitos, ¿qué cree?, lo primero que se nos viene a la mente es ¡estábamos mejor como esclavos; estaba mejor antes!, la pregunta es igual a la que formulamos anteriormente con respecto de los israelitas y sus pretextos ¿de verdad estábamos mejor antes?, creo que la contestación sería la del dicho anterior, la jaula no deja de ser jaula, aunque esta sea de oro.

Es en esos momentos de duda, de estar tentados para volver atrás, deben resonar en nuestros oídos las palabras del apóstol Pablo dirigidas a nuestros hermanos en Roma hace siglos: y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que, así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte, más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Ro 6:18-22).

Alguien me dijo, creo que, con mucha sabiduría, para atrás, ni para agarrar vuelo mis hermanos.

Dios nos bendiga a todos.

B. M. Ulaje <><

38 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo