• Adapt. Myrna Ventura

Algunas veces Dios dice: “Aún no”

Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, “el que ha de venir vendrá, y no tardará”. Hebreos 10:37,38 (NVI).


Ante un panorama mundial incierto y preocupante, muchas personas suelen pensar: “el Señor ya se tardó en venir”, sin embargo, el pasaje de hoy nos dice: “El que ha de venir vendrá y no tardará”. Es obvio que los tiempos de Dios no son los nuestros, por eso, cuando pasamos por momentos de dolor o dificultad queremos que el Señor nos socorra de una manera oportuna e inmediata, y si no sucede así, nos desesperamos y pensamos que Él no quiere, que se olvidó de nosotros o no nos escucha. ¡Nada de eso! Solamente tenemos que aprender a esperar con paciencia, dejando nuestras preocupaciones y necesidades en sus manos.

Si estás desanimado por la “demora” de Dios en responder a tus oraciones, piensa que esa demora NO es una negación. El hecho de que la respuesta o el milagro que esperas no haya llegado aún, no significa que Dios no vaya a responder, que se haya olvidado o que no se preocupe por ti. Simplemente significa "¡todavía no!"

Parte de volverse espiritualmente maduro es aprender la diferencia entre "no" y "todavía no", entre una negación y un retraso. La Biblia nos dice: "El que ha de venir vendrá y no se demorará" (Hebreos 10:37 NVI).

La “tardanza” de Dios puede ser una prueba de tu paciencia. Cualquiera puede ser paciente una vez. Otros pueden ser pacientes dos veces. Y, algunos otros, pueden ser pacientes hasta tres veces. Así que Dios prueba nuestra paciencia una y otra y otra y otra vez. ¿Por qué? ¿Porque quiere ver qué tan paciente eres? ¡No! Lo hace para que TÚ mismo puedas ver cuán paciente eres. Para que sepas lo que hay dentro de ti y puedas descubrir qué tanto confías en Él. Dios te prueba para que te des cuenta que Él es fiel, incluso si la respuesta que buscas se retrasa o no es la que tu esperabas.

Si estás desanimado, levanta la cabeza; recuerda que Dios te enseña la paciencia durante la demora. Pídele que transforme tu desánimo en paciencia.

Puede que en este momento estés pasando por tiempos duros. Te sientes desanimado porque la situación que enfrentas parece inmanejable, insufrible o injusta. Te puede parecer insoportable y por dentro simplemente estás diciendo: "Dios, esto me sobrepasa. ¡Ya no puedo soportarlo más!"

Pero… ¡Sí puedes!

Recuerda que La Biblia nos enseña que “Él no nos dará más de lo que podamos soportar”.

Puedes aguantar más tiempo porque Dios está contigo. Él te permitirá seguir adelante. Recuerda, que no serás un perdedor, a menos que renuncies.

¡Soporta, resiste el desánimo, no te afanes por nada, Dios tiene la solución de todo. Sigue avanzando y termina la carrera que Dios te ha propuesto!

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